Usábamos el pañuelo a diario, para pasear, comprar... Pero también nos acompañaba cuando viajábamos, nos ahorrábamos el bulto del carrito que siempre era más difícil de acoplar en el coche, en el tren...
Nació mi hija Luz y con su llegada se abrió la puerta de un nuevo y maravilloso mundo. La maternidad trajo consigo muchísimas pregunta y vivencias que me impulsan a permanecer en continuo crecimiento. Mi corazón me decía que mientras pudiera llevase a mi hija muy cerquita de mi. Ella escucharía mis latidos, sentiría la vibración de mi voz y participaría de mis actividades, yo podría abrazarla y estar muy atenta a sus necesidades. Para ello, después de mucho probar, comencé a utilizar un arrullo y lo he disfrutado tanto y con tanta comodidad que me gustaría que fuese un artilugio accesible para tod@s por su disponibilidad y precios y es por ello que me dedico actualmente a su distribución.
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